miércoles, 16 de noviembre de 2011

La industrialización: la fábrica y la mecanización.

Hasta el siglo XVIII, las manufacturas se elaboraban en pequeños talleres artesanos que estaban dispersos por el territorio: todas las ciudades tenían varios talleres que abastecían a la población de manufacturas.
Desde finales del siglo XVIII, los talleres comenzaron a ser sustituidos por fábricas, establecimientos en los que los obreros utilizaban máquinas para trabajar. Las primeras máquinas funcionaban con una nueva fuente de energía, el vapor, que se generaba quemando carbón mineral. En 1769, James Watt, inventó la primera máquina de vapor.
La aparición de las fábricas tuvo dos consecuencias:
  1. Las actividades industriales se concentraron en determinados lugares, cada obrero se especializó en una única tarea del proceso productivo (división del trabajo)
  2. La división del trabajo aumentó la productividad, por eso se abarataron los costes de fabricación y los precios de los productos disminuyeron.

Los sectores punta: el textil y siderurgia
La industria textil algodonera fue la que mas rápidamente integró las innovaciones técnicas, como el telar mecánico. Pronto los textiles británicos, baratos y de buena calidad, inundaron los mercados mundiales.
La industria siderúrgica alcanzó un gran desarrollo a mediados del siglo XIX. La sustitución del carbón vegetal por el carbón mineral impulsó la construcción de modernos altos hornos, en los que se producían gran cantidad de hierro refinado. La demanda del hierro era muy elevada, pues este material se utilizaba para elaborar las máquinas y las herramientas, y comenzó a utilizarse para construir la red de ferrocarril.

La expansión agrícola del siglo XVIII

Lo primero que demandaba una población en crecimiento era mas alimentos. Por eso, los cambios económicos de iniciaron en el sector primario:
  • Se mejoraron las técnica agrícolas: se sustituyó el barbecho por la rotación continua de cultivos, con lo que se evitaba el agotamiento de las tierras. Ya avanzado el siglo XIX se introdujeron nuevas máquinas y abonos químicos, que permitió que la actividad agrícola siguiera avanzando.
  • Se reformó la ganadería: como muchas de las tierras de cultivo se dedicaron a producir forrajes para alimentar a los animales, el ganado aumento y se pudo desarrollar la estabulación.
  • Cambiaron las estructuras agrarias: Las revoluciones liberales acabaron con las propiedades señoriales y comunales explotadas de forma colectiva, y la tierra se convirtió en una propiedad privada.
Los agricultores pudieron ahorrar y formar un capital. Algunos prefirieron invertir sus ahorros en la industria o la bolsa.
Muchos campesinos emigraron a las ciudades, donde empezaron a trabajar en las nuevas fábricas.

Una nueva mentalidad
El cambio social y económico también fue producto de la difusión de la ideología del liberalismo económico. Así se consolidó una nueva forma de pensar y actuar, mas abierta a la inversión, la innovación, el riesgo empresarial y la búsqueda del beneficio. El trabajo así pasó a considerarse una virtud personal.

La revolución industrial

La revolución demográfica de finales del siglo XVIII
Hasta el siglo XVIII, la población europea creció lentamente. Aunque la natalidad era muy elevada, la mortalidad también era muy alta, como consecuencia de las enfermedades infecciosas y de las hambrunas.
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, la natalidad se mantuvo alta pero la mortalidad descendió mucho. Comenzaron a remitir las epidemias de peste bubónica que habían asolado Europa anteriormente y aparecieron las primeras vacunas, como la de la viruela.
La consecuencia fue que la población comenzó a crecer a un ritmo rápido, fenómeno
que conocemos como revolución demográfica.
Este aumento demográfico constituyo un importante factor en el progreso económico de Europa. Como una reacción en cadena, un mayor numero de personas demandaba un mayor numero de productos, es decir, hubo un aumento del consumo. Se hizo necesario entonces el desarrollo de la técnica para generar una oferta masiva de bienes.